Una introducción al problema, visto desde la epistemología.
¿Qué entendemos cuando hablamos de un objeto? ¿Es la materia separable? ¿Las causas implican necesariamente ciertos efectos?
Existen ciertos presupuestos que forman parte de nuestra intuición al entender el funcionamiento del mundo. En este artículo veremos como, al surgir la física cuántica, ciertos conceptos piden ser repensados; como ciertas nociones básicas piden ser reformuladas. Comencemos por aquel piso común que todos compartimos:
El determinismo sostiene que nada sucede al azar; todo se debe a causas necesarias, de forma que, conociendo las causas o la suma de condiciones necesarias de un suceso es posible predecir el efecto. La física clásica es determinista ya que se basa en la determinación de la causa mecánica que produce un fenómeno, por lo tanto si se conoce la causa, el fenómeno resulta previsible, o bien, conociendo el estado de un sistema en un momento dado, t1, es posible saber el estado del sistema en cualquier momento futuro, t2.
La descripción clásica de la realidad, por otro lado, se da en términos de actualidad. Sólo lo actual es real, y aquello real es una sustancia medible, conocible, aprensible y sistematizable. Al pensar un “objeto” cualquiera sea éste, nos imaginamos algo concreto, sólido, total y como externo a nosotros. Un sustantivo del cual se pueden predicar categorías de espacio y tiempo. Veamos que dice Werner Heisenberg, al respecto:
“La transformación del concepto antiguo de causa en el actual se ha ido produciendo a lo largo de los siglos, en estrecha conexión con la transformación del conjunto de la realidad percibida por el hombre, y con la aparición de la ciencia de la Naturaleza a principios de la Edad Moderna. En la medida en que los procesos materiales fueron adquiriendo un grado mayor de realidad, el término de causa fue siendo referido a la ocurrencia material que precediera a la ocurrencia que en determinado caso se tratara de explicar y que de algún modo la hubiera producido. (…) Así fue paulatinamente restringiéndose el alcance del principio de causalidad, hasta resultar equivalente a la suposición de que el acontecer de la Naturaleza está unívocamente determinado, de modo que el conocimiento preciso de la Naturaleza o de cierto sector suyo basta, al menos en principio, para predecir el futuro. Precisamente la física newtoniana se hallaba estructurada de modo tal que, a partir del estado de un sistema en un instante determinado, podía preverse el futuro movimiento del sistema. (…) Cuando al término de causalidad se le da una interpretación tan estricta, acostumbra a hablarse de «determinismo», entendiendo por tal la doctrina de que existen leyes naturales fijas, que determinan unívocamente el estado futuro de un sistema a partir del actual.”
Ahora bien, en el año en los positivistas lógicos intentaban logicizar el mundo reduciendo el lenguaje a unos pocos axiomas que diesen cuenta y abarcasen toda la realidad, Max Planck abría un nuevo campo de juego para la física: los átomos no intercambian energía de forma continua, sino que lo hacen en paquetes (cuantos) de modo discreto.
La física cuántica comenzó a patentizar científicamente que la descripción del mundo no es tal como nos imaginamos, haciendo que el prestigio de la ciencia como portadora de LA verdad empiece a hacer agua. En su aspecto subatómico, los fenómenos físicos parecen ser indeterministas.
En el ámbito subatómico se estudian sistemas físicos muy alejados de nuestra percepción sensorial, para los cuales se necesitan instrumentos de medición especiales. El tema es que en los experimentos surgen ciertos resultados que son incompatibles y contradictorios a la intuición heredada con la cual nos manejamos cotidianamente. Resultados que en física clásica son inconcebibles, resultados que violan los principios aristotélicos de no contradicción, de identidad y de existencia.
El principio de indeterminación de Heisenberg en mecánica cuántica, también llamado principio de incertidumbre, afirma que no se puede determinar, simultáneamente y con precisión arbitraria, ciertos pares de variables físicas, como la posición y el momento lineal (cantidad de movimiento) de un objeto dado. Esto significa que cuanta mayor certeza se busca en determinar la posición de una partícula, menos se conoce su cantidad de movimiento lineal. Haciendo imposible conocer con suficiente precisión la situación de un estado físico en un instante determinado para poder predecir la situación del mismo estado físico en un instante inmediatamente posterior.
Pero, ¿qué sucede? La física cuántica, a nivel formal funciona excelentemente. Es una teoría precisa pero (siempre hay un pero) carece de interpretación satisfactoria, esto es, no se sabe qué significan todos esos símbolos formales a pesar de más de un siglo de intentos hechos por físicos como Bohr, Schrodinger, Heisenberg, Pauli, deBroglie, Bohm y muchos otros.
La cuestión es: ¿cómo hacer para no caer en querer volver clásica a la física cuántica (cómo muchos han intentado) y por otro lado, en hacer cuántica a la física clásica (como muchos otros también)? ¿De qué tipo de ontología nos habla la nueva física que parece ir contra las intuiciones más arraigadas? Wolfgan Pauli, Nobel en física por sus investigaciones en este campo nos dice:
“Las características complementarias del electrón (y el átomo) (onda y partícula) son de hecho “ser potencial” pero uno de ellos es siempre “no-ser actual”. Este es el motivo por el cual uno puede decir que la ciencia, que ha dejado de ser clásica, resulta por primera vez una genuina teoría del devenir y ya no más una teoría platónica.”
La lógica, hasta ese momento, y encumbrada por los positivistas lógicos, era plenamente aristotélica (clásica): El principio de no contradicción, impide pensar algo dándose y no dándose al mismo tiempo. El principio de identidad implica que A es igual a A.
La lógica de la física cuántica no es en absoluto aristotélica, sino más bien indecidible, implicando en el campo filosófico, una nueva ontología, una metafísica de lo potencial y ya no de lo actual, como lo había sido desde Parmenides y Platón; una metafísica de la diferencia y ya no de la identidad. La noción intuitiva de entidad cae así por sí sola. En física cuántica (o sea, en el ámbito subatómico) no existe tal cosa como una entidad que pueda ser pensada como separada de mi elección como experimentador. No se puede separar la materia a la hora de su estudio. La realidad deja de ser separable en sistemas, totales, unos e idénticos.
Nietzsche en su crítica a la metafísica occidental dice que “El mundo nos parece lógico, porque primero nosotros lo hemos logificado.” Está en los físicos y filósofos entonces, deconstruir la tradición clásica en pos de “crear valores nuevos” abriendo a la producción de conceptos originales y otros modos de relacionarse con el mundo, sin olvidarnos nunca, por supuesto, que siguen siendo interpretaciones. Dejemos entonces que hable W. Pauli nuevamente:
“Cuando el hombre común dice: “realidad” usualmente piensa que está hablando de algo que es evidente por sí mismo; por el contrario, a mí me parece que la tarea específica más importante y extremadamente difícil de nuestro tiempo es trabajar en una nueva elaboración de la idea de “realidad”.
Julio 17, 2007 at 5:52 am
Impresionante Belén. ¡A minar el discurso lógico-científico imperante desde sus propios supuestos! Mi más sincera admiración.
Julio 18, 2007 at 12:11 am
gracias Matías!!!
Septiembre 13, 2007 at 3:15 pm
Como dijo Franz Kafka: “Sólo es posible transformar la realidad viéndola de otra manera”.